Hoy en Arrasate ETA ha arrebatado una vida más en el marco de su patética como cruel huida hacia delante. Dado que su siniestra capacidad operativa les incapacita para hazañas mayores, se decantan por un exconcejal que, lógicamente, carecía de escolta. Cualquier gudari -de los de verdad, ojo- vomitaría sobre la estupidez de estos desalmados, pero poco parece importarles, embebidos como están en una espiral de odio de la que no resulta fácil salir.
Sólo su paranoia y su obsesión contra quienes no piensan ni actúan como ellos pueden explicar lo desproporcionado de su conducta. A falta de Santa Inquisición, el fundamentalismo ya tiene dignos defensores en nuestra tierra vasca. En semejante tesitura, matar a un ser desarmado, alejado de la alta política y en compañía de su hija es un juego de niños. Y justificar después una muerte inútil más no resulta difícil para quien antepone el fin a los medios. No soy partidario de la maldición, pero ganas no me faltan de enarbolar un Yo te maldigo -si quiera a modo de desahogo- contra el asesino de Isaías Carrasco.
Flaco favor el que la banda terrorista no sólo a quienes defendemos a ultranza el escrupuloso respeto a los Derechos Humanos de todas las personas. En su delirio, el verdugo confía en la bondad de sus actos, sin saber que cada día está más solo y su causa más perdida.
Las miradas se dirigen ahora al Consistorio de Arrasate, municipio guipuzcoano gobernado por Acción Nacionalista Vasca. Quienes en la Guerra Civil se dejaron la piel combatiendo contra Francisco Franco y sus muchachos deben estar revolviéndose en sus tumbas, a la espera de la resolución que los actuales representantes de la formación muestren una postura contraria a tan execrable muerte. Me encantaría hacer el ridículo tras equivocarme al pensar que ANV se conformará con “lamentar” el asesinato.
Peor imposible. ¿Estamos preparados para cuarenta años más? No sé ustedes, pero yo, por si acaso, me voy haciendo a la idea.

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