
La frase no es mía, sino de la película Excalibur, de John Boorman, a la que no será seguramente ésta la última vez que me refiera… En el momento en que el Rey Arturo envía a los caballeros de la Tabla Redonda en busca del Santo Grial, el Reino de Inglaterra que tantos esfuerzos costó al monarca se encuentra en plena decadencia. Quizá me haya vuelto un tanto cascarrabias, pero con gusto haría mía esa frase cada día después del Aberri Eguna.
Partido Nacionalista Vasco, Eusko Alkartasuna y, que yo sepa, Aralar, celebraron sus respectivos Día de la Patria separados. El descrédito que semejante actitud produce en la sociedad vasca afín al soberanismo es grande. Se respira en las calles y los más honestos y sinceros lo confiesan sin rubor. Pero ahí seguimos, en la misma línea, año tras año, cuando el Aberri Eguna debería ser un día en el que las siglas de los partidos estén bajo llave. Y que las únicas banderas que ondeen en los mitines y marchas sean la Roja de las Cadenas; o la Ikurriña; o la amarilla del Arrano Beltza. Porque, como dijo el viejo Sumo Pontífice a propósito de la Unión de las Iglesias, Es más lo que nos une que lo que nos separa.
Pero así somos los navarros. Nos encanta figurar y llevar el protagonismo y la voz cantante. Y que las siglas de nuestras formaciones políticas destaquen en el Teleberri o Telediario de turno. El Reino puede estar hundiéndose, pero hay que salvar la casa propia a toda costa.
Me gustaría pensar que esta lacra tiene solución y que entre todos podemos ponerla en práctica. Quizá por ello los miembros del Foro de Debate Nacional – Nazio Eztabaidagunea decidieron convocar una marcha desde Irun hasta Hendaia. Miles de navarros -acompañados por un buen puñado de gallegos y catalanes- cruzamos ayer el puente que separa a la Navarra francesa de la española, poniendo así, de manifiesto, que es posible celebrar un Aberri Eguna unitario.
Algún listillo, eso sí, dejó ver una pancarta alusiva al Tren de Alta Velocidad; otros corearon consignas a favor de los presos vascos -proclamas con las que un servidor está de acuerdo, pero que no venían a cuento-; otros gritaron Independentzia, consigna, ésta sí, acorde con la convocatoria del Eztabaidagune.
Celebradas las elecciones a Cortes Generales; y generada ya una razonable preocupación entre los sectores más vasquistas del Viejo Reyno, se alzan voces favorables a recuperar el espíritu de Lizarra-Garazi. ¿Recuerdan ustedes referencia alguna a un determinado partido político vasco en las fotografías de los firmantes del Acuerdo? Yo, desde luego, no.
Se echan de menos actitudes valientes y alejadas del letal partidismo como las que pudimos ver durante la dictadura de Francisco Franco. Quizá necesitemos, una vez más, ver las orejas al lobo para convencernos de que la acción conjunta es la mejor de las respuestas a quienes aún no nos reconocen como nación con derecho a decidir. Divididos y sin rey, somos presa fácil para España y Francia.

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