A estas alturas de la partida, no esperaba encontrar a la fundación a la que pertenezco en el listado de organizaciones imputadas en el Sumario 18/98. Ya saben, aquel en el que -por resumirlo- se lanzaba y, pretendidamente, se demostraba, que “todo es ETA”. Cualquier parecido de mi organización con la banda terrorista es pura coincidencia, por decirlo de manera diplomática. Pero, hete aquí, que los sembradores del odio han puesto en el punto de mira a mis camaradas y al que suscribe. ¡Y todo por participar en la construcción de mi patria navarra!

Por no dar más pistas -Internet es un sitio público y somos objeto de vigilancia, como en 1984-, simplemente diré que la mayúscula sorpresa que me he llevado tiene su origen en un libro. Una obra recalcitrante y tendenciosa (toménse ambos vocablos como piropos) que recoge auténticas lindezas y perlas que harían sonrojar a quienes las suscriben (pobres ignorantes de sus propios delirios). 

Alfonso Ussía, Iñaki Ezkerra, Federico Jiménez Losantos, Fernando Savater, Cesar Alonso de los Ríos, Carlos Martínez Gorriarán, … Quizá debería parar aquí, ya que los susodichos acostumbran a defender que quien los nombra carga de balas -que no de argumentos- las pistolas de los etarras. Los sembradores del odio (gracias, Josemaría Escrivá, por tan afortunada expresión) llegan al insulto personal contra autoridades políticas democráticamente elegidas. Incluso se permiten arremeter contra instituciones sin mácula como la República, cuya instauración en el Viejo Reyno (Eibar) conmemorábamos el pasado domingo.

“Entre defensa de etarra y apoyo batasuno (…) Javier Madrazo ha defendido a la república. Me figuro que se referirá a la República Española que provocó la Guerra Civil y asesinó desde el poder legal y constituido”, decía Alfonso Ussía en 2003. Sus palabras no me parecieron nada indignantes en comparación a los hechos narrados en el filme “Las trece rosas”. Su historia narra la represión franquista a pocos días del fin de la contienda armada. En la intimidad de mi hogar lloré como una magdalena mientras asistía a la represión brutal de aquellas trece mujeres cuyo único crimen había sido defender la legalidad republicana. Los personajes siniestros que pueblan la película se sentirían a gusto con los citados voceros ultras.