En mi incansable actitud de búsqueda de respuestas y con la intención de comprender lo que incluso para un vasco a veces es difícil de entender -el conflicto vasco-, hoy me he tomado un pote, como decimos en nuestra tierra, con un navarro que, asimismo, es miembro conocido de la Izquierda Abertzale. En las distancias cortas -más allá de los flashes y las cámaras de television- me ha resultado un hombre sencillo, tímido como buen vasco y tendente a abrir el corazón a medida que la conversación avanza y el vaso mengua.

De repente, pensé: “Si a Ino Galparsoro, alcaldesa de Arrasate, la metieron en la cárcel, lo mismo podrían hacer con este señor cuando al juez Garzón se le crucen los cables”. Sentí pena y, si me apuran, rabia en el mismo instante en que ese pensamiento se cruzó por mi cabeza. ¡Pero si este hombre no ha hecho nada!

Vivimos tiempos extraños, además de turbulentos. También los vivieron los cineastas estadounidenses (directores, productores y guionistas) años antes de que el senador por Wisconsin, Joseph Raymond McCarthy, empezara su particular cruzada contra el comunismo. La llamada Caza de Brujas arruinó la carrera de unos cuantos y puso en el punto de mira a personas sin otro interés que el de asombrar al mundo con el Séptimo Arte.

Las pretensiones de Ino Galparsoro son probablemente más humildes que las de los artistas de Hollywood. Pero igualmente ha servido de cabeza de turco ante un PSOE arrollador que se ufana de ser aún más implacable que el PP que le precedió en labores de gobierno.