Cuentan los medios de comunicación estos días que el parlamentario Txentxo Jiménez (NaBAI) no pudo asistir a la votación que habría abierto el camino a la reforma de la Ley del Vascuence. Según los cronistas políticos, estaba de vacaciones, derecho éste inalienable para todos quienes respiramos, pero maldita sea la gracia. Digo yo… ¿No sería menester añadir algún artículo al reglamento de los Parlamentos por el cual los parlamentarios tengan un suplente, como en el fútbol?

No parece muy probable que dicha prerrogativa sea factible algún día, aunque, mirándolo desde un punto de vista práctico, Carlos Iturgaiz no habría sentido la tentación de votar dos veces. Volviendo al Parlamento de la Vieja Iruña, la vida política en tierra navarra no es asunto baladí. Cada metro que se gana al rancio navarrismo de UPN-PSN (siempre) y CDN (a ratos) es una auténtica victoria lograda a base de sudor y lágrimas. Por eso, al vasquismo -sea vascongado o navarro- le habrá resultado más que lamentable la ausencia de Txento Jiménez en la bancada de NaBAI.

Igualmente censurable es la actitud de Convergencia de Demócratas Navarros, que agregó su siempre importante voto a los de regionalistas y socialistas en un asunto de vital importancia como es la pervivencia del euskara en la Comunidad Foral.

Patxi Zabaleta (NaBAI), por su parte, restaba importancia a la reforma de la Ley del Vascuence que no salió adelante. A su juicio, los avances que preconizaba eran puro maquillaje. No me he leído el texto del proyecto, pero tengo razones suficientes para sospechar que sus excusas son sólo eso: excusas ante la clamorosa ausencia de Txentxo Jiménez el día de la votación. Verdaderamente, una lástima.